ANIMALES SUELTOS



                   La marea del recuerdo me deja en la orilla una anécdota de aquel verano en que aprendí a conducir. En una de las  clases teóricas, a las que daba gusto asistir gracias al buen hacer de un instructor cuya simpatía y excelente humor rebasaban todos los límites imaginables, una alumna, de edad avanzada para lo que se estila por esos pagos, fue cuestionada sobre el nombre de una señal de tráfico. La señal en cuestión era un triángulo de color rojo, sobre cuyo fondo blanco se mostraba la figura de un animal, no recuerdo si era una vaca negra o una especie de ciervo con las patas delanteras elevadas. La alumna contestó sin dilación, desde lo más hondo de su intuición, con una convicción encomiable y llena de la más cándida inocencia: “¡Animales sueltos!” (según el código de circulación entonces vigente el nombre técnico de la misma era "Cañada"). La carcajada sanísima del instructor no se hizo esperar y nos contagió a los allí presentes, quienes reímos largo y tendido, incluida la alumna que había respondido erróneamente. “Sí, claro, además se suele colocar en la puerta de los bares, ¿verdad?” concluyó el monitor con una sabiduría más propia de otros ámbitos.

                    Me invade la nada extraña sensación de que la señal en cuestión debería tener un mejor aprovechamiento y ser colocada inmediatamente, y con el mensaje de mi entonces colega-alumna incluido, en la puerta del establo de los responsables educativos cántabros, en concreto, a la entrada del despacho del mismísimo Sr. Consejero (confieso que el uso de estas mayúsculas me supone una auténtica tortura). Y no por el hecho de satisfacer mis instintos más primarios, sino con el noble propósito de salvaguardar el bien de la ciudadanía.

                   Las recientes manifestaciones del Sr. Serna en rueda de prensa, comentando los resultados de las últimas pruebas de diagnóstico (esas que dicen que sirven para medir el nivel de nuestros alumnos de 4º de Primaria y 2º de ESO), le hacen merecedor del honor de recibir tan conveniente señalización; sin embargo, y ya que al ínclito mandatario parece que le va la marcha en la misma medida que a su jefe nacional (el antaño-tetuliano-hogaño-ministro, Sr. Wert), quizá fuera mejor que, en vez de en su puerta, se la hiciésemos colgar de su pescuezo, obligándole a pasearse de tal guisa por doquiera que le corresponda vagar.

                     Nos cuentan en un periódico local (Diario Montañés, 9/11/12) que el Sr. Serna señaló que “las diferencias son muy importantes, de hasta 150 puntos –cuando la media regional es de 500–, lo que demuestra que hay equipos directivos y profesores que son capaces de dar un valor añadido a sus centros, y otros que no. Lo que no especifica la noticia es si el susodicho se quedó tan ancho o no (se ve que la destreza periodística no da para tanto), aunque no debería resultar difícil imaginarlo atendiendo a los antecedentes.

                Si a alguien que ocupa, sin sufragio directo mediante, un cargo de tanta responsabilidad como ese no se le viene a la pericia nada mejor que responsabilizar al profesorado, y consecuentemente culpabilizarlo por los malos resultados, es que ni está capacitado para ejercer dicha tarea ni merece, precisamente por irresponsable, la confianza necesaria para el desempeño de la misma. Me resultaría de lo más sencillo, amén de escalofriante, imaginar a este sujeto ejerciendo de alto cargo en el Departamento de Sanidad y achacando la alta incidencia de defunciones por cáncer a la mala praxis de los médicos, o como director de la oficina de tráfico culpando a los instructores de las autoescuelas (que a lo que se ve hoy vienen que ni pintados para el artículo) por la elevadísima tasa de muertos en las carreteras. Por desgracia, no es el primero, sino el último de la larga lista de dislates con que nos suelen deleitar muchos de los pseudopolíticos que nos está tocando sufrir.

                      Me viene a la memoria precisamente un tal Corcuera (electricista de profesión, si mal no recuerdo), a la sazón Ministro de Transportes y Comunicaciones, que llegó a justificar el bochornoso estado de caos en el que se sumía Correos, diciendo que a los españoles nos había dado por escribir cartas. De juzgado de guardia, aunque éste al menos tuvo la decencia de no cargar contra sus propios funcionarios... Pepe Gotera y Otilio a su lado no eran más que unos meros principiantes.

                     Volviendo al caso que nos ocupa, hace falta ser muy necio o muy malvado para achacar el éxito o el fracaso de los resultados académicos simplemente a los equipos directivos y a los profesores (que nuestra parte alícuota de responsabilidad tendremos, claro). Tan necio o tan malvado como lo es olvidar que acostumbran a trabajar en unas condiciones lamentables, las cuales con el paso de los tiempos empeoran de forma sistemática, retrotrayendo las características de nuestras aulas a las épocas educativas más oscuras y olvidadas. Aunque para algunos nostálgicos, a lo que se ve, todavía muy añoradas.

                   Puestos a hablar de factores que influyen directamente en la calidad de la educación, y por descontado en sus resultados, habría que recordarle al consejero que intencionadamente está olvidando mencionar los salvajes recortes económicos que sufren los centros. Recortes que se traducen, entre otros muchos, en menos medios humanos y materiales y mayor número y diversidad de alumnos en las aulas; en dos palabras: precariedad educativa. Por cierto, estos recortes no los están llevando a cabo precisamente los docentes.

             Yo me quedo con la segunda de las hipótesis, la de la maldad. La estrategia que sigue este señor constituye un ejercicio de perversión y crueldad, a partes iguales, difícilmente superable, pues no sólo oculta la parte de responsabilidad que como cómplice de la ejecución sumarísima de la enseñanza pública le corresponde, sino que además trata de hacer calar, en la opinión pública y en la sociedad en general, la idea de que el fracaso escolar recae exclusivamente en los docentes. Yo la mato, pero la culpa es tuya. Eso sí, en el mejor de los escenarios posibles: la rueda de prensa a reventar de alcachofas. Todo un púlpito, en la máxima extensión del significado, desde el que predicar ex cátedra.

                    Y aquí llegamos a la segunda de las felonías: cuando se trata de comparar, nos cuenta alegremente que “los resultados son más positivos entre los centros concertados, gracias a que el nivel económico y social de sus entornos es mayor que el de los centros públicos”. Muy sintomático lo del “gracias a que…” en lugar de un “debido a que…” Bien imaginamos todos los esfuerzos que hubo de acometer para que no se le escapara un “gracias a Dios que…”

                Habría resultado sumamente oportuno colocarle al Sr. Consejero un espejo en el que pudiera contemplarse reflejado mientras proclamaba tan lamentables palabras. Debería causarle un rubor doloroso, un sonrojo insufrible, verse (ya que escucharse es algo que no le permite su voluntaria sordera) el rostro mientras insinúa que los centros concertados son para los ricos y -la conclusión es bastante sencilla- que los centros públicos son para los pobres. En cualquier democracia de medio pelo (no digamos de los Pirineos hacia arriba) eso mismo habría sido motivo de cese mediante patada en el culo. ¿Es moralmente aceptable que un dirigente establezca comparativas diferenciadoras en un asunto tan sagrado como la educación y además las fundamente en criterios de selección elitistas?

                  En esta reflexión sobre los autores del crimen se esconde toda la filosofía que ha llevado recientemente  a muchos de los consejeros de Educación de nuestro país, asimismo tan fuertemente talibanizados como nuestro protagonista, a arrancar del ministro el compromiso de paralizar el anteproyecto de la nueva ley LOMCE (un chiste malo: Ley para la Ominosa Muerte Cultural y Educativa) en pos de la gran cruzada educativa pepera, cuyo fin último persigue el desmantelamiento de la red pública y la apertura de una carrera a la caza del puchero de oro que supuestamente existe al final del arco iris del negocio educativo. Vae victis!

                     Bien vemos que, de la misma manera que a los políticos nacionales el olvido de sus obligaciones para con todos los ciudadanos les ha convertido en unos monstruos arbitrarios que gobiernan para unos pocos, este señor, cegado por el poder y posiblemente por el catecismo de alguna secta, solo concibe la educación desde el ámbito privado y la gobierna, en su pequeño reino de taifas, dispuesto a beneficiar solamente a los centros privados-concertados y machacar a los públicos, sin importarle que ello acabe pareciendo clasista, racista y todos los adjetivos terminados en -cista que se nos vayan ocurriendo.

                    La guinda de esta tarta de sernazos no es ni mucho menos menor: “aunque la ley, (¡la ley nada menos!), impide a la Consejería -y a cualquiera, evidentemente- realizar un ranking de centros, el responsable de Educación identificó a los que sobresalen por encima de los de su mismo nivel sociocultural”. Con nombres y apellidos citó tres centros públicos. Reflexión inmediata: para llegar a hacer una cosa así yo tendría que sentirme muy por encima de la ley.  Desde luego el propietario de las declaraciones parece sentirse muy seguro de sí mismo y confiar ciegamente en la inmunidad e impunidad que el cargo que ostenta parecen ofrecerle. Hay mantas que abrigan mucho menos…

                    Segunda reflexión: ¿tres centros públicos? ¿No habíamos quedado en que eran mejores los resultados en los concertados? Aquí hay gato encerrado, sin duda; y miedo da leer en la noticia lo que se dijo a continuación: “Tres colegios públicos que, según avanzó Serna, recibirán la visita de la Consejería para analizar su proyecto educativo y tratar de aplicarlo en los centros que han obtenido peores resultados”. Échense a temblar y cuestiónense alarmados: ¿seguro que la visita será para analizar el proyecto educativo? ¿O será para lo contrario? Quién sabe, a lo mejor en la lucha por hacer desaparecer lo público cualquier obstáculo en el camino debe ser eliminado...

                    Lo mejor, no obstante, de la noticia son los comentarios de los lectores que se suelen colocar en la parte inferior de la misma y que reflejan, mal que le pese a quien sea, lo que de verdad piensa la gente de la calle, la gran olvidada de todos estos tejemanejes gubernamentales y administrativos. Me quedo con uno de esos comentarios y procedo a citarlo textualmente:

¿[Que] la ley impide a la Consejería hacer un ranking de centros? Y ¿cómo se llama [entonces] ésto que ha hecho el señor Consejero en esta rueda de prensa? Espero que se tomen medidas legales contra este señor pues tiene la costumbre de saltarse la ley cuando le apetece (recordemos [el] caso Torrevelo). ¿Los concertados mejores resultados? Claro, no admiten ni minorías étnicas, ni emigrantes, ni alumnos con discapacidades, etc,etc. ¿Cómo se pueden considerar fiables estos resultados cuando los tantos por cientos de los resultados pueden variar muchísimo según el número de alumnos del centro? ¿Se puede comparar el resultado de una clase con 25 alumnos en la que haya dos alumnos con dificultades con el de otro centro de 12 alumnos con dos alumnos con estas características? La ley ha sido vulnerada, se han dado nombres de colegios, esperemos que se tomen las medidas legales oportunas, porque esta noticia no deja de ser más que un engaño para el que la lee. Hay, como he dicho anteriormente, muchas variables que influyen en los resultados de esta prueba y que no tienen nada que ver con la calidad de la enseñanza. Este señor de férreas creencias quiere acabar con la enseñanza pública en nombre de Jesucristo, que por lo que yo sé de su vida, sus actos se caracterizaban por apoyar al que menos tenía, nada más lejano de la forma de actuar del señor Consejero.

       En fin, que como decíamos al principio, se hace preciso señalizar convenientemente las zonas más nobles de la administración educativa, en previsión de que se produzcan más accidentes (y nombramientos) no deseados.






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