CHON Y GUANO


Life begins with the process of star formation. We are made of stardust. Every atom of every element in your body except for hydrogen has been manufactured inside stars, scattered across the Universe in great stellar explosions, and recycled to become part of you. The hydrogen is primordial material, produced in the Big Bang. (John Gribbin, Stardust, 2000)

A buen seguro ya habrán tenido noticias anteriormente acerca de mi incondicional adhesión a la hermosa teoría de nuestro origen estelar. Nada me resulta más placentero que sentirme hijo de las estrellas, saberme poseedor, en la vertiente física, de la herencia genética del CHON, ese cóctel molecular de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno que, regurgitado por la explosión de las novas, las supernovas y otros cataclismos estelares parecidos, conforma la base de nuestro organismo y circula,  bermellón a borbotones, por nuestras venas y capilares. Lo explicó brillantemente John Gribbin en su hermosa divulgación titulada Stardust, un must para quienes, como yo, preferimos sentirnos un despojo salido de las entrañas de cualquier sol remoto y parte de un excelso programa de reciclaje cósmico, antes que un muñeco de plastilina supuestamente moldeado por el capricho voluble del dios de turno, y/o un producto a la venta en los mercadillos ideológicos regentados por los ladrones de almas.


Pero como para que algo resulte bello tiene que haber obligatoriamente un contrapunto que sea estéticamente horripilante, hete aquí que si en lo físico somos polvo estelar, en lo humano la historia ya es bien diferente, toda vez que en esos parajes lo que predomina es otro tipo de alcurnia menos poética. Así que del esqueleto hacia fuera ya somos algo distinto y básicamente nos conformamos en productos auto-construidos, fabricados a base de muchas porquerías y miserias, de éticas, morales, ideologías, creencias, miedos y todo el catálogo completo del bricolaje educativo, do-it-yourself emocional, banal y barato. Ejemplos de esta apocalíptica teoría de la sordidez esencial humana hay muchísimos, uno -a veces más, créanme- por individuo, y cuesta un horror clasificarlos y decantarse por el más llamativo o el más espeluznante. Si nos quedamos en esta última categoría, resulta obligado detenerse a reflexionar acerca de un espécimen único y particularmente prescindible, por agresivo, desagradable y antropofágico; un ejemplar indigno de nuestro bello origen galáctico que, pudiendo elegir formaciones muchos más naturales para su bagaje intelectual y su desempeño social, ha preferido auto-moldearse a base de un elemento mucho más prosaico denominado guano.
       
      No me resulta particularmente difícil suponer que mis imaginarios lectores ya hace tiempo habrán dado con el truquillo que permite desentrañar la estructura de gran parte de las entradas que configuran este blog, siquiera porque casi todas ellas siguen la misma técnica viajera: como si de un largo periplo por diferentes ámbitos se tratara, comienzan en una reflexión situada aquí, transitan por zigzagueantes vericuetos y suelen acabar en una conclusión situada allí, en las antípodas, o acaso en el propio punto de origen, eso sí, previo paso por muchos lugares personales e imaginarios. Pues bien, este asunto del CHON estelar y el guano me ha venido a la mente porque ayer di en tropezar, más bien me estrellé (ya saben, también, que los juegos de palabras me vuelven loco) con las declaraciones de cierta individua, a la sazón actual satélite de amores de cierto ministro de educación de apellido impronunciable (no daré nombres por si acaso), en las que mediante la vieja fullería de la siembra de la cizaña, pretendía desprestigiar, más aún si cabe, a los docentes de este país: "Hay que tener en cuenta, de cara a los padres, que el colectivo de docentes tiene un puesto de trabajo asegurado y, sin embargo, los padres se están enfrentando a unas tasas de desempleo muy elevadas y dificultades económicas importantes". No cabe abyección mayor. La maldad, al parecer, no entiende eso de tocar fondo.

Que estas palabras procedan de alguien que ha jurado oficialmente poseer un patrimonio de 14,5 millones de euros, que ha accedido a un cargo público/político por méritos difícilmente clasificables, que a buen seguro percibirá una remuneración cuyo montante sacaría de la miseria, la ignominia y los contenedores de la basura a un buen puñado de indigentes, y que probablemente se desplace y viaje de gratis en coche oficial, nos empuja implacablemente, y con la fuerza de un tifón asiático, hasta lo más profundo del montón más grande y abigarrado de guano que uno alcance a imaginar. Y ahí mismo nos toparíamos entonces con su esencia y su presencia.

      Pero quiero creer que lo que realmente sorprende hasta al más refractario de los enemigos de la perplejidad es que haya sido precisamente una afamada bióloga, consumada investigadora y mundialmente reconocida científica, quien haya decidido, así sin más, a bocajarro, a pecho descubierto (metafóricamente hablando), a calzón quitado (lo mismo que en el caso anterior), caretas fuera, mostrarnos los mimbres que componen su esencia humana, su composición ideológica y moral a base de excrecencias animales, de guano, vaya; y que haya sido capaz de deshonrar nuestro ADN galáctico decantándose por la asquerosa fealdad del detritus. Admito que a mí me resulta de lo más extraño, acaso porque mi irremediable ingenuidad me impelía a pensar que alguien con ese currículum sería más proclive a pertenecer al club de las estrellas que al de las inmundicias. Se ve que a la chica se le atragantan los papeles estelares. Gran chasco, pues. A lo que parece, dime con quién andas y te diré quién eres, aquello que proclamaba Don Erasmo de que la estulticia es ferozmente contagiosa tal vez hayamos de tenerlo por cierto, y como coincide que la starlet comparte con el innombrable ministro del ramo algo más que despacho, pues acabáramos. Guano para todos.


En fin, aprensivo que es uno, me alejo presto del peligro del contagio y retorno a mi querido CHON y dejo el guano para quien subsiste a su costa y lo expele con cada falsa sonrisa, no sin antes abrazar la esperanza de que los mismos padres a los que ella intenta engatusar con cutres maledicencias vayan a estar esta tarde en las manifestaciones codo con codo a nuestro lado, demostrando que lo suyo, lo de ella, no es más que otro de los frecuentes y hemorrágicos episodios de desprecio compulsivo y congénito con que nuestros dirigentes se conducen hacia quienes piensan diferente. En definitiva, otra deposición más. Tampoco olvidaré renegar, en nombre de mi mestizaje interestelar, de la insoportable vergüenza que implica ser considerado congénere de tanta porquería humana. Que se vayan todos ellos al guano.



*El guano es una sustancia que tiene su origen en las excrecencias de ciertos animales, para ser exactos, es la acumulación masiva (en ciertas zonas del planeta se produce en tales cantidades que puede llegar a originar islas enteras) de excrementos de murciélagos, aves marinas y focas. En el lenguaje del despreciable vulgo, mierda pura y dura. Eso sí, honestamente hay que señalar que, una vez convenientemente procesado, el guano constituye un excelente fertilizante. Ya saben, el eterno retorno del cuento del patito feo.
 

2 comentarios:

  1. Enhorabuena. Un artículo espléndido. Definitivamente, hay que saber escoger a las personas mucho antes por sus principios y valores que por su currículum. Gente muy capaz y formada puede ser malísima. Y ya si se juntan la ignorancia y la maldad, ni te cuento. En este caso, lo mejor es salir corriendo (y enviarlos al guano, por supuesto, como a la tal Gomendio).

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Humildemente, querido Alberto, muchísimas gracias, no sólo por tu valiosa aportación sino también por tu lectura fiel. Sólo puedo corresponder a ambas considerándolas como el combustible que ha de mover cada línea de este blog. Gracias de nuevo.

      Eliminar

Muchas gracias por tu aportación.