KAFKIANO, ESPERPÉNTICO, O AMBAS COSAS A LA VEZ



Fanz Kafka fue un escritor al que podríamos considerar como difícil en todos los sentidos. En el plano personal, hubo de hacer frente a una existencia ardua con la escasa ayuda de una personalidad bastante retorcida. En el ámbito literario, muchas de sus obras, novelas y cuentos mayoritariamente, no sólo presentan personajes atormentados que acostumbran a enfrentarse a mundos demasiado complejos, sino que además discurren por caminos inextricables para acabar llegando, en no pocas ocasiones, a ninguna parte. Por aplicación de este compendio de carácter y producción, acostumbramos a denominar como kafkiano todo aquel trámite, circunstancia o suceso extraño, incomprensible y laberíntico basado en reglas desconocidas o sorprendentemente inalcanzables al entendimiento.

Por su parte, el esperpento, género typical Spanish donde los haya, supone la exposición pública de las visiones deformadas y grotescas de la realidad más cruda, con el fin de lograr una sátira o una crítica despiadada. En palabras de su gallego inventor, las imágenes más bellas en un espejo cóncavo pueden resultar absurdas, por lo que es conveniente deformar la expresión en el mismo espejo que nos deforma no ya los rostros, sino toda nuestra miserable vida. Por derivación, consideramos como esperpénticas la degradación, la animalización, incluso la cosificación de las personas, así como de sus correrías, tropelías y circunstancias. En el esperpento, cuanto más burdo es el desatino, mejor.

En esta piel de toro por la que correteamos, cual pollos en corral, en materia de chacotas y befas siempre hemos sido más proclives al consumo de los productos nacionales, en tanto en cuanto estos nos resulten más sencillos y asequibles que los extranjeros y consecuentemente nos lleven más rápidamente a la burla fácil. Por eso, antes que abrazar la complicada composición de lo kafkiano a buen seguro nos entregaremos procazmente a la chabacanería del esperpento, siquiera porque en éste nunca hallaremos la exigente profundidad de aquél. Al contrario, un buen esperpento nunca dejará de recompensarnos con grandes dosis de risa ligera, a mitad de camino entre lo grotesco y lo burdo, tal vez porque preferimos la deformidad esperpéntica antes que la tortura kafkiana, o quizá simplemente porque el espejo de nuestro subconsciente tribal siempre nos escupirá la imagen y el reflejo de Max Estrella antes que la de Gregor Samsa.

No obstante las diferencias en cuanto al origen y la complejidad de ambas figuras, cabe reseñar que curiosamente lo kafkiano no está, ni mucho menos, alejado o reñido con lo esperpéntico. Más aún, en un mero conato de paralelismo muy, pero que muy simplificado, podríamos llegar a afirmar, sin temor a equivocarnos, que ambos, kafkianismo y esperpento, pasan por ser las dos caras de una misma moneda pues poseen un rasgo común: su marcado carácter surrealista.

Viene a cuento la introducción porque llevamos unos cuantos días teniendo que asistir a deplorables espectáculos cuyo calificativo más ajustado se hace complicado, tal vez imposible, precisar. ¿Kafkianos? ¿Esperpénticos? ¿O ambas cosas a la vez? Por mucho que nos estrujemos la sesera, la duda nos consumirá por completo antes de decidirnos, ya lo verán.

Uno de estos episodios ha tenido lugar recientemente en Madrid. La Directora General de Recursos Humanos de la Consejería de Educación de la capital mantuvo el martes pasado una reunión con representantes sindicales del profesorado en la que se debían negociar las condiciones de acceso de los interinos a la función docente. Al no prosperar las negociaciones, la representante de la Administración unilateralmente decidió ausentarse a las cinco de la tarde (no hemos podido constatar que hubiera corrida ese día) y aplazar la reunión para la mañana siguiente. Varios representantes sindicales optaron, como medida de protesta, por permanecer en reunión permanente, demostrando (o intentándolo, al menos) ante quien proceda que a lo peor la teoría de los altos cargos entregados en cuerpo y alma a su trabajo y los sindicalistas vagos y perezosos pudiera no ser tan cierta como muchos sospechan. Unas horas después de tomada esta decisión del encierro, la reunión del día siguiente fue desconvocada por la administración.

Algo en apariencia tan intrascendente como este tira y afloja tan frecuentemente repetido hoy en día acabó convirtiéndose en una situación rocambolesca y dramática: los sindicalistas permanecieron encerrados en las dependencias oficiales durante 48 horas y la administración decidió forzar su encierro hasta los límites más crueles y canallas, ordenando a sus seguratas que de ninguna manera se permitiera asistencia alguna a los encerrados y que se limitaran sus movimientos por completo. Se vivieron situaciones propias de película de los hermanos Marx. Por ejemplo, una de las encerradas, que había sufrido un desvanecimiento y que tenía varios miembros entumecidos, tuvo un ataque de ansiedad cuando no la dejaron acudir al baño porque los vigilantes sospechaban que podrían pasarles comida por la ventana. ¿Kafkiano o esperpéntico? Cuando alguno de los encerrados recorría el pasillo que los separaba del baño siempre le acompañaban agentes de seguridad. No hubo manera de que entrara comida ni personal de asistencia. Se llegó incluso a negar el acceso al abogado de CCOO y a dos diputadas de la Asamblea de Madrid. Es más, agentes de la Policía Nacional se acercaron a intentar disuadir a los seguratas para que permitieran la entrada de algunos alimentos y agua para los encerrados, logrando por toda respuesta una rotunda negativa acompañada de una frase muy peliculera y tajante: son órdenes que vienen de muy arriba. En ese momento comenzó a gestarse la primera y única huelga de hambre forzosa de la que tienen noticia los registros de la historia. Y ocurrió en España, para variar. De nuevo, ¿kafkiano o esperpéntico?

La cosa no terminó ahí. Tras una denuncia ante el Juzgado de Guardia contra la Consejera de Educación por desatención de carácter humanitario y trato vejatorio, el juez decidió atender la demanda y permitir la asistencia a los encerrados. Una pizca de sensatez nunca viene mal en estos casos, aunque solamente sea para ofrecer contrapunto y equilibrio. Pero como todas las cosas siempre pueden empeorar, el relato de los hechos que siguieron a este veredicto pone los pelos de punta:

Anoche, los agentes de seguridad de la Consejería permitieron por fin el ingreso de comida. No de mantas, ya que no figuraba en el escrito del juez, que instaba a la Comunidad de Madrid "por exclusivas razones humanitarias" a "permitir la entrada de agua y alimentos suficientes para una jornada". Las discusiones sobre el tamaño de la vianda se zanjaron con el informe del servicio médico que había atendido a los encerrados por el débil estado de salud de dos profesoras. El SAMUR recomendaba una ingesta de 2.000 calorías por persona. Una vez calculadas las calorías de los platos enviados por amigos y familiares (y devueltos los considerados excesivos) los docentes pudieron comer por primera vez en dos días.

Las discusiones sobre el tamaño de la vianda... Una vez más (la última, prometo) ¿kafkiano o esperpéntico? ¿A qué extremos está llegando el absolutismo irracional en este país? ¿Qué clase de gobernantes del tres al cuarto tenemos la desgracia de padecer? A buen seguro de la misma ralea que aquellos que se atreven a llamar nazis a quienes se manifiestan en los escraches…
Los seguratas cuentan las calorías

En fin, que los docentes se pasaron 48 horas viviendo del aire y pelando frío por una mera sobredosis de testosterona padecida por quién sabe qué preboste en vaya usted a saber qué despacho o coche oficial. No presumo que la actuación de los encerrados haya supuesto derroche alguno de medios materiales o quebranto económico para las arcas públicas, por lo que las razones crematísticas para la adopción de tan mezquinas decisiones quedan descartadas por completo. Así que entonces sólo podemos aferrarnos al mero cainismo, a la inquina, la soberbia y el delirante despotismo de los iluminados que creen ostentar el poder, siquiera en dependencias menores como una Consejería de Educación. Es evidente que con modelos tan demócratas en sus formas y fondos como la condesa consorte, la alcaldesa no electa, la diputada-inventora de la resurrección nazi, el presidente del ático marbellí y demás trasgos y aparecidos, a la Administración autonómica madrileña se le contagian los malos modos y las carencias del más elemental de los respetos al estado de derecho. Lo dicho, ¿en manos de quién estamos viviendo?

La duda, me temo, nos perseguirá sine die: ¿kafkiano o esperpéntico? En mi modesta opinión, creo que, dada la enorme carga de surrealismo buñueliano de la historieta acaecida, se puede llegar a pensar que las dos cosas a la vez. En este país somos así de originales.


Postdata: Para aquellos de mis imaginarios lectores que se tengan por más objetivos que este mísero aprendiz de blogger y que acostumbren a sucumbir fácilmente a la tentación de cuestionar mis opiniones o simplemente buscarle cinco patas al felino (que las tiene, ojo), les dejo, desde el más profundo de los respetos, el botón de muestra que viene a enfrentar la torpe actuación de unos y la mesura de otros:

Esta mañana los docentes encerrados han decidido abandonar voluntariamente el encierro: "Un policía nacional nos ha hecho llegar el auto del juez en el que se nos instaba al desalojo. Nos ha dicho que si no nos íbamos de forma voluntaria tendrían que desalojarnos por la fuerza. Como no vamos a desoír un auto judicial, nos vamos".

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