IN MY OWN WAY...

(Un ejercicio de ironía incordiona en fecha tan señalada, en la que el destino me ha burlado de manera desmesurada, y en la que nos andan metiendo el ruidito de las campanas allá por donde menos nos gusta...)  

       En el año 1985 cuatro jovencitos intérpretes de música country, con toda seguridad desconocidos hasta para los más profanos en la materia (luego explicaremos el sinsentido), se pusieron a la tarea de formar un grupo musical. Ironías en cursiva aparte, hasta aquí nada extraño. Sin embargo, era tal el calado y la sombra que proyectaban las figuras de aquellos cantantes que el asunto, lejos de terminar en un proyecto a largo plazo, enseguida se convirtió en una joint-venture discrecional. De hecho, la longevidad del grupo no se extendió más allá de una década y tres brillantes discos por dos razones de mucho peso: una, sus miembros gozaban ya de extensísimas y lucrativas carreras personales jalonadas de cientos de éxitos y bañadas en fama a raudales, las cuales les llevaron a regresar a ellas más pronto que tarde; dos, sus edades en el momento de juntarse invitaban más a pensar en funerales musicales que en renacimientos artísticos. 

El nombre de la formación fue algo tan prosaico y sencillo como Highwaymen, término que en la América profunda del siglo XIX se adjudicaba a aquellos ladrones que asaltaban a los viajeros desde la montura de un caballo y cuya quintaesencia se representaba en el legendario Dick Turpin. Los componentes no eran otros que Johnny Cash (53 años por entonces), Waylon Jennings (48), ambos ya fallecidos, Kris Kristofferson (49) y Willie Nelson (52), canela fina, tipos ya muy bregados por aquella época y nombres que, a buen seguro, y a pesar de la broma inicial del artículo, les sonarán de algo.



       No se rompieron demasiado la cabeza, no era necesario, a la hora de diseñar la fórmula y el contenido de los discos que produjeron como Highwaymen y recurrieron a un método bastante simple y estandarizado, aunque no por ello exento de gran calidad: cada uno de los componentes interpretaba un par de sus propios temas y el resto le acompañaba. Al final, un tema común que se interpretaba al unísono. Sencillo, pero eficaz. Cuando hay clase los alardes ofenden.

     Todos ellos eran miembros de esa corriente musical que tradicionalmente se ha venido llamando outlaw country y que ha englobado a aquellos intérpretes que obstinadamente se empeñaban en desafiar las reglas de cualquier ortodoxia, no ya musical, sino también social. Eran unos tipos muy grandes en espíritu, carácter y, sobre todo, en esa inabarcable e indefinible cualidad que acostumbramos a denominar carisma. De hecho, le está costando mucho, muchísimo, a la industria de la música country llenar el vacío que paulatinamente van dejando sus ausencias.

     Hoy llegan a estos pagos por un motivo doble. En primer lugar, quedan unos pocos días, veinte para ser exactos, para celebrar los 18 años de mayoría de edad de su último y más depurado álbum, el titulado The Road Goes On Forever, un trabajo pleno de brillantez, maestría, talento, y extraordinarias canciones. Una parada obligada y obligatoria para los amantes del género, con temazos tales como The Devil’s Right Hand, Live Forever, The Road Goes on Forever o el inigualable Here Comes that Rainbow Again, magistralmente ejecutado por Kris Kristofferson. En segundo lugar, contiene una canción que, dadas las circunstancias, no para de acechar desde el fondo de la sesera y desde la sima del alma, como un eco de viento oscuro, de ese mismo viento gélido que tanto me asusta al otro lado del cristal de la ventana, casi como un aullido que no termina de irse.

    Les dejo una parte de su letra y su sonido tenebroso sostenido por la voz de Waylon Jennings. En cuanto lo lean y escuchen enseguida sabrán por qué lo traigo precisamente hoy, con la misma dosis de malvada ironía con que comenzaba el artículo, a las páginas de este blog.
 
In my own way I'm a believer, in my own way right or wrong
I don't talk too much about it, it's something I keep working on
I don't have too much to build on, my faith has never been that strong

There's a man there in that building, he's a holy man, they say
he keeps talking about tomorrow, while I keep struggling with today
he preaches hellfire and brimstone, and heaven seems so far away


       De propina, y como si de un bonus track se tratara, allá va otra chanza, letra y música, de uno de esos mismos jovenzuelos arriba referidos. Todo sea por incordiar en estos momentos de euforia ajena.


Jesus was a Capricorn, He ate organic food,
He believed in love and peace, and never wore no shoes.
Long hair, beard and sandals, and a funky bunch of friends,
Reckon we'd just nail him up, if he came down again.





1 comentario:

  1. ¡Estupendo artículo! Me reconozco poco versado en el country, pero he disfrutado mucho.

    ResponderEliminar

Muchas gracias por tu aportación.