A ROSCARLA, MISTER DRAGHI



    El presidente del Banco Central Europeo, un tal Mario Draghi, presumiblemente millonario perdido, va a comparecer en el Congreso de los Diputados de este pseudopaís de las maravillas que habitamos. Hasta aquí nada extraño ni nocivo, al contrario, es conveniente que se deje ver la jeta por estos pagos alguno de los sátrapas que nos uncieron los grilletes, más que nada por si en un accidente se pone a tiro y algún valeroso indignado le saca colores y maldiciones.  Lo curioso del caso es que el tal Draghi, un romano de cuna que porta el estigma de los Guindos y cía (como ex jefazo europeo de uno de los agujeros negros de la crisis, Goldman Sachs, hampa trincona, vamos), ha puesto como condición que su intervención tenga lugar a puerta cerrada, sin transcripción, actas, grabaciones, prensa ni trazas de registro alguno. Tenebra noctis.


      Cuán propia de las sociedades secretas resulta la infame costumbre de ocultar rostros, ideas e intenciones. También a Al Capone le entusiasmaba la oscuridad de su tugurio.

       A duras penas evitando caer en la irresistible tentación de los cantos de sirena de mi querida teoría de la conspiración, y sacudiéndome el pesado fardo de la sospecha, me pregunto por qué extraño arcano, por qué inimaginable razón, no ha habido ni uno solo entre nuestros intrépidos e indómitos diputados (del camarote de los hermanos Marx sito en Moncloa no cabe ya esperar una higa) que haya puesto el grito en el cielo negándose a participar en semejante secuestro del derecho ciudadano. Vergonzosa chusma.

    El Congreso es (o al menos debería serlo) el sancta sanctorum de nuestra democracia y de nuestro estado de derecho: secuestrarlo al conocimiento del pueblo soberano es una felonía intolerable propia de mafiosos y déspotas. Y quienes en él actúan y, juramento mediante, nos representan, deberían esforzarse al máximo por protegerlo de las intromisiones de los malandrines, filibusteros, maleantes, chorizos y demás morralla (y mira que me hice el propósito de mantener un blog de crítica serena y elegante, pero es que no se dejan, hombre), en lugar de dedicarse a enviar mamporreros contra los ciudadanos que exigen su parte de democracia. Resulta evidente que el presidente del gobierno (ambos ausentes) debe darnos muchas explicaciones. Demasiadas quizá para su alarmante escasez de medios neuronales y para su congénito desprecio…

   En fin, Signore Draghi, háganos un favor y téngase usted por malvenido a esta tierra; más aún, delicada o bizarramente, allá según tenga a bien gestionarse su onanismo, condúzcase todas esas condiciones que su antojo de usted pretende imponernos allá por donde rematan los vasos. Merecedor se me antoja del mismo vilipendio que su soberbia rebosa y por acreedor le tengo, con cargo a pasado y a presente, de final poco pacífico. Por eso quien le explaya, careciendo por desgracia (o por fortuna) de otro arma mejor que un mal de ojo, lagarto, lagarto, y haciendo acopio de la raiz gitana que todos llevamos dentro, allá que le arroja un gafe (escupir estaría muy feo), a ver si se le atina en la cerviz: como cantaba el genio de Úbeda, ojalá quede usted cojo de las tres piernas encima de la tribuna que no le pertenece, o, como profetizaba la simpática señora de Honrubia, que le dé a vuesa merced una miaja el apechusque y, hala, a roscarla se ha dicho. Usted elija, que así de generosos somos por aquí y no le quepa duda de que, con lo caldeadito que tienen el ambiente, los médicos que en Madrid se vean obligados a atenderle estarán encantados de echarle una mano al pescuezo.
Suyo afectísimo.

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